Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
296 El desarrollo económico interno en la época post-Trujillo De esta forma, el modelo conllevaba el germen de su posterior agota- miento: los bajos salarios reales, junto a la producción intensiva en capital, que economizaba mano de obra, impedían la generación de un mercado in- terno amplio que posibilitara la producción a gran escala. En la medida en que el crecimiento basado en la industria orientada ha- cia el mercado interno mostraba signos de agotamiento al final del decenio de 1970, y la economía internacional comenzaba a fundamentarse más en la competitividad internacional y menos en la protección, tuvo lugar un proceso de cambios en la estructura productiva dominicana. Los albores del nuevo modelo: la economía entre finales del decenio de 1970 y primeros años de 1980 Como se ha indicado, el modelo de crecimiento industrial sustitutivo de importaciones aplicado era insostenible sin cambios. Previamente, el co- mercio exterior generaba los empleos, las divisas y los tributos que requería el Estado para satisfacer la exigua demanda de servicios públicos e infraes- tructura. Pero esto cambió con el desarrollo de la industria. La urbanización y la expansión del mercado interno comenzaron a exigir mucho al Estado en materia de servicios y de inversión, justamente en momentos en que la base para el fomento económico eran las exoneraciones impositivas. El incremen- to del gasto público no se veía correspondido por el incremento de los ingre- sos tributarios; la respuesta fue el endeudamiento público, principalmente externo. Esto se vio complementado por el desequilibrio externo, ya que anterior- mente la estructura productiva agropecuaria generaba muchas divisas pero demandaba pocas, contrario a la industria. Cubrir simultáneamente ambas brechas, la fiscal y la de balanza de pagos, era posible gracias al desarrollo de un sistema público, institucional, de financiamiento a largo plazo para los países subdesarrollados, que se había creado después de la Segunda Guerra Mundial, así como a la abundancia de recursos en la banca privada de los países industrializados, que viabilizaba el crédito alegre e irresponsable para América Latina, sin mayores criterios de evaluación de riesgos. Pero los riesgos eran evidentes, pues el modelo no generaba ni los fondos fiscales ni las divisas requeridas para garantizar el repago. Cuando se produjo la crisis de la deuda externa, y el fisco, incapaz de financiar sus demandas de gastos, comenzó a recurrir a las emisiones monetarias inorgánicas para cubrir sus desequilibrios, lo que originó una cadena de inflación, devaluaciones y recurrencia al FMI. El modelo llegaba a su fin.
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