Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
192 El Gobierno de los Doce Años: 1966-1978. Entre el autoritarismo y la reforma conservadora En ese sentido, la novedad del bonapartismo consistió en que el nuevo equilibrio político en el Estado a partir de 1966 venía a resolver precisamente la tensión entre los aparatos armados y las esferas de poder civiles. La condi- ción para dar solución a este problema fue la presencia del poder norteame- ricano en los términos mismos del acuerdo político que permitió el ascenso de Joaquín Balaguer. Sin embargo, esta solución era por definición inestable, debido a que nunca pudo resolver dos problemas en cierto modo intrínse- cos al acuerdo bonapartista: la superación del juego de fracciones militares y la incapacidad del régimen para superar su raíz autoritaria y asimilar la competencia democrática. Desde ese punto de vista la cuestión militar nunca fue resuelta en el régimen de los Doce Años, pero sí manejada al constituirla en uno de los pilares del esquema bonapartista de Balaguer. Esta solución provocaba la «ilusión» de que en esas condiciones el poder militar se sometía al civil, cuando en la práctica el poder militar pasó a constituirse en el terreno en torno al cual el Estado no solo reprimía a los grupos populares, sino que también subordinaba a los grupos dominantes, excluyéndolos del juego pro- piamente político que aseguraba el poder del Estado. En el esquema bonapartista el monopolio del poder de Balaguer, como «representante» del bloque de fuerzas que se articulaban en el nuevo es- quema de dominación, resolvía la cuestión de la dominación de las «clases peligrosas» y de las fuerzas democráticas que de hecho ocupaban un espacio social y político significativo. El costo de esa solución fue el mantenimiento de la debilidad propiamente política del conjunto de actores conservadores que tras el poder de Balaguer se reconocían en el régimen de los Doce Años. Por otro lado, esta solución solo podía sostenerse en una relación con los actores populares y los actores políticos de tipo autoritaria que en la práctica excluía las posibilidades de apertura democrática y la competencia electoral como modalidad de construcción de la legitimidad del régimen. Por eso, desde el momento en que el régimen de Balaguer se vio forzado a «conceder» espacios de apertura democrática, o tuvo que aceptar los resultados de la competencia electoral que no le favorecieran, el régimen de suyo entraría en declive. 10 A lo dicho se suman otros elementos que permiten explicar el éxito de Balaguer como mediador de las clases dominantes y controlador de las fuer- zas de oposición durante sus largos Doce Años de gobierno. Quizás el más significativo fue la gran expansión que adquirió el capital monopolista inter- nacional, a través de la expansión de las llamadas empresas multinacionales y la banca extranjera, aunque una parte significativa de los recursos empleados para expandir las inversiones monopolistas en el país se realizó movilizando parte del ahorro nacional con la garantía del propio Estado dominicano. Las
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