Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
168 La Revolución de Abril Las negociaciones se reanudaron el 19 de mayo. En los días que siguieron Guzmán aceptó que el ministro de las Fuerzas Armadas fuera un neutral, el coronel José Antonio de León Grullón; aceptó la composición del gabinete que EE. UU. le pedía: 4 miembros del PRD, 2 miembros del Partido Reformista, 1 miembro del Partido Liberal Evolucionista (un minúsculo partido de dere- cha) y 6 independientes. También aceptó que si bien el gobierno sería inaugu- rado bajo la Constitución de 1963, el símbolo de los constitucionalistas, esta se sometería a un referéndum supervisado por la OEA. Pero Bundy seguía insistiendo que Montes Arache, Aristy y Peña Taveras tendrían que salir del país, y Guzmán seguía negándose. «Le dije a Guzmán», le informaba Bundy a Johnson el 22 de mayo, «que esta actitud suya me crea serias dudas, porque demuestra falta de voluntad de tomar cualquier medida para controlar al mando militar rebelde. [...] Estas conversaciones fortalecen la creciente con- vicción de que Guzmán es, al mismo tiempo, bueno y débil. Él entiende muy bien el problema comunista [...]. Sin embargo no se atreve a ser firme con aquellos que son considerados los héroes de la revolución». 102 Pero ya ni la salida de los tres líderes constitucionalistas hubiese satisfecho a Johnson y a la mayoría de sus asesores. El 23 de mayo el secretario de Estado Rusk le comunicaba a Bundy que tenía que exigir igualmente que una vez in- augurado el nuevo gobierno, «aquellos que son identificados como comunistas serán inmediatamente detenidos y deportados o puestos en campo de concen- tración». 103 Hasta esto no le hubiera bastado a Johnson. Le dijo a Mann: «Tengo graves dudas sobre Guzmán y no sé lo que vamos a hacer si él acepta todas nuestras exigencias». Mann contestó: «Yo creo que no nos conviene llegar a un acuerdo con este fulano Guzmán porque no confío en que Bosch se oponga a los comunistas. Temo que Bosch esté tratando de convencernos de ponerlo [a Guzmán] en el poder y quiere destruir las Fuerzas Armadas para que no quede nadie que le pueda resistir y luego, una vez que él haya tomado el control, tendremos un tremendo problema. [...] Es por eso que el otro día yo insistía que hay que mantener a las Fuerzas Armadas bajo el presente [GRN] liderazgo». Y cuando Johnson le preguntó: «¿Entonces usted piensa que lo mejor es poner fin a estas negociaciones?». Mann le dijo: «Esta es mi opinión». 104 Johnson no tenía por qué preocuparse. Guzmán, este hombre que EE. UU. consideraba débil, se mantuvo firme en la defensa de sus principios. En dos horas con Bundy, en la mañana del 24, se negó a aceptar el exilio de los tres líderes constitucionalistas. «La salida de estos líderes», le dijo a Bundy, «significaría un gobierno sin respaldo popular». También rechazó el otro pun- to del ultimátum de Bundy: la detención o exilio de los comunistas. «Reprimir por la fuerza —dijo— solo crearía más comunistas». 105
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