Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
130 La Revolución de Abril en la Academia. Muy rápidamente, los golpistas actuaron contra aquel «nido de víboras»: 4 a mediados de octubre 18 académicos —oficiales de planta en la Academia o recién egresados de ella— fueron separados de las Fuerzas Armadas, y Fernández Domínguez fue enviado como agregado militar a España. 5 Desde el exterior, Fernández Domínguez siguió haciendo planes, usando todo medio posible para mantenerse en contacto con sus hombres. En Santo Domingo se formó el Grupo de la Bomba, integrado por los académicos da- dos de baja en octubre, que acostumbraban reunirse en una gasolinera de la cual era gerente uno de ellos. El grupo habría de ser el alma de la conspiración militar constitucionalista, su elemento más puro y resuelto. Con el paso de los meses otros grupitos fueron formándose hasta que sur- gió un líder que los uniría y sería el representante de Fernández Domínguez en la República Dominicana, el teniente coronel Miguel Ángel Hernando Ramírez. Fue Hernando Ramírez quien mantuvo los contactos con los repre- sentantes de Bosch en el país, el expresidente de la Cámara de Diputados José Rafael Molina Ureña, y José Francisco Peña Gómez, secretario de Prensa y Propaganda del PRD. En el verano de 1964, tanto Hernando Ramírez como Peña Gómez es- tablecieron contacto con el Grupo de San Cristóbal, integrado por oficiales partidarios del expresidente Joaquín Balaguer, en exilio en Nueva York. Entre ellos estaban el jefe de Estado Mayor del Ejército Nacional (EN), general Salvador Montás Guerrero, el subjefe, coronel Braulio Álvarez Sánchez, y el coronel Pérez Aponte, comandante del batallón Mella, uno de los tres bata- llones de élite del EN. Ellos también querían derrocar al Triunvirato, pero para reemplazarlo con una Junta Militar que, según prometían, organizaría elecciones libres y honestas. Había motivo para ser escéptico, conociendo a Montás Guerrero y el resto de la camarilla. Peña Gómez y Hernando Ramírez insistían en que el objetivo de un golpe militar tenía que ser el retorno de Bosch a la presidencia para completar su período presidencial. Las pláticas seguían, pero sin lograr un acuerdo. Cada día, en la República Dominicana se hablaba de complots, de pleitos entre altos oficiales. Ese era, para las Fuerzas Armadas dominicanas, un mo- mento especial: durante 30 años habían estado sometidas a la bota férrea de Trujillo. Luego, durante el Consejo de Estado, estaban todavía bajo el impacto de los vertiginosos acontecimientos que sucedieron después del asesinato de Trujillo. Con Bosch se habían enfrentado a un hombre que quería imponer la superioridad del poder civil y era enemigo acérrimo de la corrupción. Ahora, por primera vez, eran los verdaderos dueños del país y eso significaba que las
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