Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

Historia general del pueblo dominicano 109 financieros estatales. Mientras que el reconocimiento de los derechos, lejos de limitarse a su inscripción en los códigos jurídicos que pueden quedarse lue- go como letra muerta, se entenderá, a partir de los aportes de A. Honneth y Ch. Taylor, como una actividad intersubjetiva que involucra la afirmación y aceptación de las identidades de individuos y grupos de individuos. 33 A diferencia de A. Honneth, quien considera la cuestión del reconocimiento como un asunto de autorrealización ética y que comporta actitudes subje- tivas casi sicológicas, para N. Fraser la lucha por el reconocimiento es una cuestión de justicia puesto que se enfrenta a relaciones institucionalizadas de subordinación. Dice la autora que «[…] cuando los patrones institucionaliza- dos de valor cultural consideran a algunos sujetos como inferiores, excluidos, completamente diferentes o sencillamente invisibles, y en consecuencia, sin la categoría de interlocutores plenos en la interacción social, tendremos que hablar de reconocimiento erróneo y subordinación de estatus ». 34 De este modo, entiendo que los derechos se acuerdan recíprocamente en el terreno de los conflictos, mediante apuestas y luchas culturales y políticas; y, en una demo- cracia, se consolidan con un cambio cultural y político, al tiempo que pasan a ser sancionados efectivamente por el Estado. En la posdictadura, individuos disímiles, asociaciones profesionales, sin- dicatos y otras organizaciones dirimieron sus pretensiones de reconocimiento de igualdad, justicia y derechos a través de la prensa y de las pugnas en el seno de una sociedad que estaba organizada jerárquicamente por elementos provenientes de la tradición. Esta sociedad, según señala H. Wiarda, estaba «[…] centrada en la lealtad familiar, individualidad, honor, status, rango, dignidad personal, machismo », 35 y muchos de estos elementos funcionaban como marcadores de diferenciación a los cuales convergían otros contrastes distintivos de inferioridad como, por ejemplo, la derivada de la cuestión ra- cial y de género. Estas desigualdades se combinaban con otras, originadas por la división social del trabajo, la distribución del ingreso, y además con desigualdades persistentes como las de género, raza, extranjería, los pobres y una multitud de personas del ámbito popular. Varias de las diferenciaciones que marginaron y estigmatizaron a las clases bajas habían obtenido, desde principios del siglo xx , en los escritos de intelectuales 36 una fundamentación que iba desde la degeneración social y las taras biológicas hasta otros tipos de descalificación, las cuales terminaron formando parte del sentido común o con más propiedad del habitus . La sociedad dominicana, marcada por tales jerarquías y desigualdades, se estremeció cuando en 1962 irrumpió en la arena pública la pretensión de re- conocimiento de igualdad y autonomía de las mayorías, y estas actuaciones se

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