Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
610 Dinámica de la población dominicana En 1960, solo el 6 % de las mujeres de 15 años y más de edad formaba parte de la masa laboral (ver Gráfico 10). Una década después, esa propor- ción ascendía a 14 %, lo cual implica un incremento de 133 %. Durante los años siguientes la tendencia se aceleró: las mujeres pertenecientes a la fuerza de trabajo constituían el 30 % en 1981, mientras que en 2002 esa proporción ascendía a 53 %. En la medida que la mujer tiende a insertarse en el quehacer económico, político y social requiere de un mayor grado de autonomía para tomar de- cisiones y mayor independencia en relación a las obligaciones que la atan al hogar. En consecuencia, un mayor nivel de participación hace que la mujer propenda a tener menos hijos. Cambios en la dirección del flujo intergeneracional de riqueza . En las familias tradicionales, los hijos, en una primera etapa de su vida constituían una forma de aumentar los ingresos del hogar. Unas veces como mano de obra para la laborar en la finca o negocio familiar y otras como trabajadores para otros patronos a cambio de algún tipo de remuneración. En una segunda etapa, cuando los padres envejecían y dejaban de traba- jar, los hijos se convertían en su sistema de previdencia social. En consecuen- cia, tener un elevado número de hijos resultaba ventajoso, en la medida que aumentaba las probabilidades de tener un nivel de ingresos más elevado y una ayuda más cuantiosa en la vejez o invalidez. Como parte de los cambios derivados del proceso de modernización so- cial, esa concepción tradicional del costo-beneficio de los hijos ha cambiado durante las últimas décadas. Desde la nueva perspectiva, contrario a la con- cepción de los hijos como fuente de riqueza para los padres, se considera que son estos quienes deben invertir en ellos. Además de los cuidados necesarios, deben proveerlos de los elementos derivados de las demandas asociadas a la crianza en condiciones adecuadas, así como la educación necesaria para que, una vez sean adultos, puedan garantizase la exitosa inserción en el quehacer económico y social. En 1960, el 27 % de los niños y niñas de 10 a 14 años formaban parte de la fuerza de trabajo (ver Gráfico 11). Sin embargo, cuatro décadas más tarde esa proporción era de apenas 7 %. A su vez, entre los adolescentes de 15 a 19 años, el 33 % formaba parte de la fuerza de trabajo en 1960, mientras que esa jproporción era de solo 23 % en el año 2002.
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