Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

Historia general del pueblo dominicano 535 En los noventa el uso de armas de fuego denominadas «chilenas» se hizo bastante común en las huelgas que se convocaban en la región del Cibao. Generalmente, un grupo pequeño de jóvenes, usando pasamonta- ñas, portaba «chilenas» para supuestamente proteger a los huelguistas. Los dirigentes del Falpo, la principal organización de izquierda en la región del Cibao, alegaban que ellos no portaban armas ni recomendaban que esto se hiciera, pero que no podían impedir que grupos de jóvenes las portaran para protegerse de la represión desatada por la Policía cuando se daban conatos de huelga. 74 La participación de estos jóvenes en las protestas hizo que las huelgas adquirieran un matiz violento y, en diversas ocasiones, fue- ron utilizadas por grupos de delincuentes para resolver cuentas pendientes entre ellos y luego achacarle la muerte que pudiera ocurrir a la Policía. En ocasiones también aparecían grupos de jóvenes que pedían peajes a los autos y camiones que pasaban por alguna intersección importante supuestamente para apoyar la huelga; hubo casos en la región del Cibao en los cuales los comerciantes de las comunidades de Licey al Medio, Tamboril, Canca la Reina, etc. eran extorsionados para que contribuyeran económicamente. Los dirigentes comunitarios visitaban los cuarteles policiales para denunciar es- tas actividades, pero los agentes del orden público nunca hicieron nada para poner coto a esta situación. 75 En todo caso, tanto la participación de jóvenes armados con «chilenas» como el cobro de peajes desacreditaban a las organi- zaciones comunitarias y a los grupos políticos de izquierda como Falpo que participaban junto a los comunitarios. El caso más extremo de porte de armas de fuego, esta vez por jóvenes encapuchados, se dio en la ciudad de Navarrete (provincia de Santiago) en mayo de 2001. En esta ocasión los encapuchados, según la Policía, no portaban «chilenas» sino armas potentes que podían causar serios daños. Las imágenes de jóvenes portando armas de fuego fueron difundidas por la televisión y la Policía inmediatamente procedió a identificar al Falpo como responsable de estos motines con el fin de desacreditarlo. Por su parte, Falpo, el princi- pal convocante de dicha protesta, se desvinculó de los sujetos armados que participaron en la huelga-motín de Navarrete. Sin embargo, la participación de sujetos armados en dicho acontecimiento dejó al movimiento de protesta en medio de la controversia. A pesar de esta polémica, la huelga-motín de Navarrete tuvo amplio respaldo en la población debido a que las reivindica- ciones que se levantaban eran justas. La violencia vinculada a grupos de delincuentes adquirió matices muy particulares en algunos de los barrios de la Zona Norte de la ciudad de Santo Domingo. Contrariamente a lo que ocurrió en la región del Cibao, los

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