Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

534 Movimientos sociales y estructuras de poder divisiones internas y a la capacidad del Gobierno de aprovechar la oportu- nidad política creada por la crisis nacional que generó la Guerra del Golfo Pérsico. Balaguer (1990-1994) la aprovechó para golpear a las organizacio- nes en torno al Colectivo de Organizaciones Populares, el Frente Amplio de Lucha Popular (Falpo) y a las organizaciones sindicales progresistas. Los asesinatos políticos más mencionados en la década de los noventa fueron el de Jesús Diplán en septiembre de 1990, el dirigente más destacado de Falpo en la región del Cibao, y el profesor Narciso González de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en mayo de 1994. González era un crítico in- transigente de las políticas públicas. La denuncia de estos asesinatos se con- virtió en bandera de lucha de los movimientos populares de la época. En su informe a la Asamblea Nacional del Colectivo de Organizaciones Populares Ramón Almánzar señaló que la persecución política de los dirigentes de los movimientos sociales había hecho mermar la labor organizativa de una manera significativa. Indicó que «tanto en el año 1994 como en el 1995, hubo dificultades para cohesionar un movimiento de masas profundo que tuviera cobertura nacional. Solo se pudieron organizar algunos movimientos regio- nales, fundamentalmente en el Nordeste y el Sur del país… A pesar de que en 1995 no hubo ninguna huelga nacional (subrayado en el original) ha sido el año de esta década de mayor número de movimientos de protestas sectoria- les y geográficas en el país». 72 Siguiendo este patrón de declive las organizaciones sindicales y popu- lares no laborales solo hicieron cuatro huelgas nacionales durante la gestión de Leonel Fernández (1996-2000), lo cual, una vez más, confirma que los mo- vimientos nacionales de huelga descendieron sustancialmente en la última década del siglo xx . La observación de Almánzar se refiere al nuevo rumbo de los movi- mientos sociales que ya empezaban a tener un marcado carácter territorial a mediados de los noventa cuando la huelga-motín parece consolidarse como método de lucha. La huelga-motín es un asunto complejo, pues los grupos que convocan a una huelga generalmente son comunitarios que no tienen la intención de emplear métodos de lucha violentos y que son los primeros en denunciar la violencia. El problema resulta cuando llega la Policía y arremete violentamente contra los grupos que realizan una protesta en un barrio o co- munidad determinados. En muchos casos la violencia se incrementa cuando grupos de delincuentes con armas de fuego se aprovechan del momento para pescar en río revuelto. La participación de delincuentes en las huelgas es, en cierta medida, lo que ha llevado a caracterizar el desarrollo de las protestas como huelga-motines. 73

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