Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

526 Movimientos sociales y estructuras de poder gobierno del PRD, el cual, en los hechos, había renunciado a tomar partido con los sectores populares. Los motines de abril de 1984 no constituyeron un movimiento social en sí, pero tuvieron una influencia importante en impulsar el desarrollo de nuevas organizaciones populares no laborales que, por el resto de la década de 1980, disputaron el liderazgo de los movimientos sociales a las centrales sindicales. Aunque los gobiernos del PRD habían creado la posibilidad para el creci- miento del movimiento sindical, su política represiva los había golpeado. El movimiento sindical, que en ese momento se encontraba dividido en nueve centrales, no contaba con la fuerza para seguir dirigiendo los movimientos sociales. Así el 16 septiembre de 1984 surge el Consejo de Unidad Popular (CUP), una entidad que reunía fundamentalmente organizaciones barriales urbanas en los sectores Capotillo, La Isabelita, Villa Duarte, Viet Nam de Los Mina, Puerto Rico de Los Mina, Buenos Aires de Herrera y también en la zona del Nordeste del país, en particular, Salcedo, Fantino, Cotuí, San Francisco de Macorís, Nagua, etc. Asimismo contaba con la membresía de la Confederación de Mujeres de la Región Sur. El CUP tenía una orientación de izquierda y desarrolló fuertes lazos con las centrales y sindicatos que tenían tendencias progresistas, pero la CASC, la UGTD y la CTM nunca le dieron su apoyo. 56 La división política entre el movimiento popular no laboral y el sindical fue un problema que perduró en los ochenta y se extendió hasta los noventa cuando este ciclo de protesta se debilitó. En marzo de 1988 el CUP convocó a una huelga general que rápidamente se convirtió en una serie de motines que fueron reprimidos por la Policía. Los partidos políticos de la oposición y sus respectivas centrales sindicales no le habían dado su apoyo a la convocatoria, lo cual contribuyó al fracaso de la iniciativa del CUP. Sin embargo, a pesar de que la huelga fracasó, pues mucha gente se presentó a trabajar, una gran parte de la población seguía insatisfecha, un hecho que fue reconocido por la Iglesia Católica que desde 1982 había estado convocando al diálogo entre el Gobierno y la oposición. La Iglesia logró atraer a las centrales sindicales, al Gobierno y los empresarios a una serie de diálogos que se realizaban en Santiago y en Santo Domingo. Sin embargo, a través de sus mediadores, los monseñores Agripino Núñez Collado, rector de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, y Francisco José Arnaiz, secretario de la Conferencia del Episcopado Dominicano, no incluyeron al CUP alegando que esta organización era de liderazgo desconocido y no era reconocida por el Estado. 57 La inclusión de los centrales sindicales en los diálogos a expensa de los movimientos no laborales en cierta forma aupó a las primeras que habían

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