Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

Historia general del pueblo dominicano 525 fuertemente a los más pobres y los acorralaban dejándolos sin formas de cubrir sus necesidades más elementales. Cuando los moradores fueron al col- mado se encontraron con la siguiente realidad: «el pan que costaba 5 centavos se elevó a 1 peso, el aceite de maní de 15 libras la latica pasó de 13 pesos a 22, el aceite de soya de 74 centavos a 1 peso con 40 centavos, la libra de carne de pollo pasó de 35 centavos a un peso con 10 cheles, el plátano se elevó de 5 a 10 centavos y el quintal de batata de 12 a 20 pesos». 53 Carlos Dore Cabral encontró una correlación entre la localización de las protestas, la densidad poblacional y el nivel de vida: en la Zona Norte de la ciudad de Santo Domingo se encontraban 650,629 habitantes (es decir, 49.5 % del total) y estos ocupaban tan solo 22.79 kilómetros cuadrados (14 % del área total), lo cual da una densidad de 28,547 h/km 2 , 351.5 % en relación con la densidad poblacional del total de la capital. En su estudio, Dore Cabral encontró que a mayor densidad poblacional en los barrios, más activa fue la participación; igualmente, las carencias sociales y de dificultades sicológicas se convirtieron en elementos propicios para la violencia. 54 Aunque no es fácilmente medible, Dore Cabral reconoce que el traba- jo político de concienciación de los CLP, el Comité para la Defensa de los Derechos Barriales (Copadeba) y los clubes barriales tuvo cierta incidencia, por lo menos, en la convocatoria inicial de las protestas del lunes 24 de abril de 1984. El CLP del barrio Capotillo, donde estas se iniciaron junto a clubes culturales, comités de amas de casa, Copadeba, un comité local de la ADP, etc., Fidel Santana informó al autor que antes de irse de vacaciones de Semana Santa «nosotros nos habíamos puesto de acuerdo que el lunes nos juntaríamos en Capotillo para iniciar allí las acciones. Se inicia en la avenida Nicolás de Ovando y ahí se produce una especie de incorporación espontánea y masiva de gente, una marcha a la que se fue sumando gente que se traía detrás y ya entonces los mueve a decir: “sigamos pa’bajo”, y la gente fue saliendo, sacando obstáculos e incendiando gomas». 55 Esto quiere decir que si bien es cierto que la adhesión a las protestas fue espontánea, los CLP y las organiza- ciones barriales con su convocatoria dieron inicio a las mismas. Lo que ellos no sabían era que su convocatoria pronto se convertiría en un gran motín, una poblada, que tendría alcances nacionales y que pondría las fuerzas del orden público en aprietos. Las oleadas de protestas duraron tres días durante los cuales fuerzas combinadas de la Policía y las Fuerzas Armadas lograron, finalmente, ponerle fin abriendo fuego con gases lacrimógenos y balas para dispersar a los manifestantes. El resultado de esta campaña represiva fue más de cien muertos, cientos de heridos y miles de personas arrestadas, dando así por terminadas las relaciones entre el movimiento social progresista y el

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