Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
524 Movimientos sociales y estructuras de poder asegurarse que la empresa nunca sería nacionalizada. Finalmente, Codetel aceptó negociar con el sindicato, pero solo firmó un acuerdo, el 26 de febrero de 1983, donde imponía sus condiciones: recontratación de 300 trabajadores y el despido con prestaciones para otros 171. A pesar de esta negociación, el 28 de febrero Codetel, con protección policial, ordenó el cierre del local del sindicato y empezó a organizar un sindicato «amarillo». 51 El Gobierno repetía su política represiva como lo había hecho con la huelga de choferes en 1979 y 1980 y, de esa manera, ampliaba su distancia con los movimientos sociales. La presencia de los CLP fue notable en el Nordeste. A fines de los ochenta en esta región se realizaban más protestas que en ningún otro lugar del país. En 1987 en el Nordeste se realizó el 21 % de las 414 protestas en el país; el 30 % de las 450 protestas en 1988 y el 44 % de las 254 en 1989. En 1990 solo hubo 102 protestas a nivel nacional, de las cuales el 21 % se realizaron en las provincias del Nordeste. La ola de protestas descendió en 1990 por ser un año electoral y dicho proceso encauzó muchas de las demandas de sectores populares. En todo caso, fue notorio que al igual que en la ciudad de Santo Domingo, los CLP penetraron los clubes culturales y deportivos en el Nordeste para promover la revolución; pero ellos no tenían arraigo en los barrios y la lucha se manejaba con consignas pintadas en las paredes. «La iz- quierda pretendió cultivar la revolución en las protestas y los pobladores, en cambio, solamente deseaban la instalación, o mejoramiento de los servicios; es decir, que el Estado cumpliera con su papel, no destruir el Estado». 52 La estrategia de los CLP pronto se convirtió en el talón de Aquiles de los movi- mientos sociales, pues los objetivos de los moradores realmente no coincidían con aquellos de los revolucionarios. L os motines de abril 1984 Ni las organizaciones populares ni los partidos políticos pudieron prede- cir la magnitud de los grandes motines de protestas que se desarrollaron en abril de 1984 luego de que el gobierno de Salvador Jorge Blanco anunciara un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para poner en práctica un plan de restructuración de la economía que implicaba la devaluación de la moneda nacional y una fuerte reducción del gasto público. Las causas de los motines de 1984 no son fáciles de establecer, pero quedó claro que las medidas económicas anunciadas por el presidente golpeaban
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