Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI

Historia general del pueblo dominicano 517 trabajando en proyectos de asesoría y aunaría esfuerzos con la Secretaría de Estado de Obras Públicas y la Oficina para el Desarrollo de la Comunidad (ODC) para impulsar los proyectos del Gobierno en la zona rural. El número de organizaciones campesinas aumentó significativamente en comparación con la primera gestión de Balaguer cuando se registran 117 asociaciones campesinas y 38 cooperativas del Idecoop. En el período de 1972-1976 la cifra de asociaciones campesinas llegó a 796 y el número de cooperativas subió a 59. 37 No obstante, esta proliferación de organizaciones en el medio rural, el número de ocupaciones de tierra se mantuvo extremadamente bajo, debido al control que el Estado tenía de las organizaciones del campesinado. Junagra y el MAR hicieron una campaña fuerte en apoyo a la reforma agraria. José Osvaldo Leger, principal dirigente del MAR, llegó a decir lo siguiente: «Yo soy partidario de que los campesinos ocupen violentamente las tierras del Estado que están en manos de particulares porque los violadores de las disposiciones legales las continúan usufructuando en negación abierta de la Ley 292 según la cual ya debían haberlas entregado». 38 Sin embargo, no se trataba de ocupar cualquier tierra sino la de aquellos terratenientes que abiertamente se oponían a la ejecución de la reforma agraria. A pesar del control que el MAR y Junagra querían tener, hubo numerosas ocupaciones de tierras que se hacían en distintas regiones del país. Lo que sí se notaba era que cuando el Gobierno no tenía control de la situación se procedía a reprimir cualquier toma de tierra que se realizara, ya fuera en tierras del Estado o de tierras en disputas entre terratenientes y campesinos; lo mismo se hacía con aquellos que expresaban su solidaridad con los campesinos que ocupaban tierras. La solidaridad expresada por miembros del clero católico fue muy nota- ble en la región Este, donde había la mayor concentración de tierras en manos de latifundistas y donde aparecía poco empleo para la mano de obra expul- sada de la tierra. El caso de los sacerdotes de la diócesis de La Altagracia fue uno de los más manifiestos: los curas Miguel Laroche y Jesús Bastardo de la parroquia de San Antonio de Miches fueron fuertemente atacados por el terrateniente Beremundo Quiñones. Luego las autoridades de la región reconocieron que Quiñones había pagado 3,000 pesos a un tal Sandro para que asesinara a uno de ellos. El padre Lidio Cadet de la parroquia de Sabana de la Mar y sor Inés, de 60 años de edad, fueron amenazados con ser ahorcados por el terrateniente Tin Mateo. Una señora terrateniente de la misma localidad de apellido Bruno afirmó «que si era necesario había que sacar a los labriegos por la fuerza y matarlos como animales». 39

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