Historia General del Pueblo Dominicano Tomo VI
190 El Gobierno de los Doce Años: 1966-1978. Entre el autoritarismo y la reforma conservadora los militares norteamericanos en el país en el período de transición simboli- zaba de suyo el derrotero final de dichas elecciones: el triunfo de Balaguer y con ello la articulación de una solución política que cerraba un ciclo histórico. En otra parte hemos caracterizado el régimen político que se definía tras el triunfo de Balaguer en 1966 como bonapartista. No insistiremos mucho en la discusión teórica que esta caracterización ha suscitado, 7 me limitaré a indi- car que la solución bonapartista simplemente representó un tipo de respuesta política a una clásica crisis de hegemonía, tras el ajusticiamiento de Trujillo en 1961. El bonapartismo no describe una forma general de Estado, sino una forma de régimen que por definición tiene limitantes coyunturales precisos: la superación de la amenaza de las «clases peligrosas» y las presiones desde abajo, el fortalecimiento de las clases dominantes en su dominio de la econo- mía, la estabilización del poder militar y sometimiento a un ordenamiento político que delimita la forma y alcance de su intervención, el surgimiento de capacidades negociadas de acuerdos entre los distintos sectores de las clases dominantes, entre otros elementos. Por sus consecuencias, esta nueva modalidad de dominación política tuvo efectos económicos que contribuyeron a redibujar el mapa social domi- nicano y a reordenar la estructura misma de la dominación social en el país. Por lo pronto, tres aspectos básicos caracterizaron la fisonomía del régi- men balaguerista en su expresión bonapartista. En primer lugar, la debilidad de las clases dominantes dominicanas en sus expresiones oligárquicas como «burguesas» para el ejercicio o dominio del Estado. En segundo lugar, la pre- sencia del poder norteamericano, cemento que sostenía a la propia figura de Balaguer al frente del Estado como «compromiso estabilizador» del régimen que se inauguraba. En tercer lugar, hay que apreciar la capacidad del propio Balaguer como mediación hegemónica sobre el campesinado y los militares, al surgir como un hilo conductor que retomaba el ascendiente trujillista que siempre mantuvo el Estado sobre el campesinado y el disperso poder de la élite militar. De esta forma, la articulación del nuevo régimen establecía un nuevo equilibrio o alianza entre los grupos dominantes que permitía —dentro de límites siempre imprecisos y cambiantes— cohesionar los diversos intereses agrario-terratenientes y comerciales con los emergentes sectores financieros y el débil empresariado industrial, permaneciendo este último durante todo el período como sector «subordinado». En esa modalidad de alianza y com- promiso de clases Balaguer actuaba como el eje articulador y los Estados Unidos establecían las bases o garantías de estabilidad y compromiso del pacto.
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